"Los países del Sur son los más afectados por la crisis alimentaria, pero también en Europa hay millones de personas que pasan hambre"
A veces pienso que miento (Contra el monocultivo de la mente)
Pensa-miento 1: La tierra es de todos, de quien la trabaja, dicen las revoluciones. Mi amigo Jeromo, se detiene en su lucha, y dice que no, que la tierra no es de nadie y sigue cavando en la huerta. Entonces le pregunto, Jeromo ¿qué es eso de la Soberanía Alimentaria? –El derecho a producir –toma un respiro y continua- el derecho de producir hacia adentro.
Pensa-miento 2: Si la observación de un cuerpo esférico nos hace pensar en conceptos cómo la simetría, la equidistancia o la igualdad, está científicamente probado que Pitágoras, Colón y Galileo pensaban confundidos: el Planeta tierra se nos desredondeó por el camino.
Gustavo Duch Guillot
Activista de y en multitud de causas nobles y autora de diversos libros sobre la soberanía alimentaria y los movimientos sociales -Del campo al plato(Icaria, Barcelona, 2009), motivo básico de esta conversación, En pie contra la deuda externa (El Viejo Topo, Barcelona 2008), Supermercados, no gracias (Icaria, Barcelona, 2007) y ¿Adónde va el comercio justo? (Icaria, Barcelona, 2006)-, Esther Vivas es, además, miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) de la UPF, miembro de la redacción de la revista Viento Sur y militante en Izquierda Anticapitalista.
Vivas colabora habitualmente en medios de comunicación alternativos como Diagonal, La Directa y Ecología Política, entre otros, y en medios más convencionales como Público.
¿De qué habláis en este último libro que recientemente ha editado Icaria editorial? ¿De alimentación, de agricultura, de la distribución de los productos?
Se trata de señalar a los principales actores que monopolizan cada uno de los tramos de la cadena agroalimentaria, desde la producción en origen hasta la distribución final, quienes acaban determinando nuestro modelo de alimentación y consumo. Hoy, la comida ha perdido su valor fundamental, alimentarnos, y se ha convertido en un bien mercantil. También analizamos las causas y las consecuencias de la crisis alimentaria actual.
Asimismo, el libro da a conocer las principales alternativas propuestas desde los movimientos sociales, donde destaca en mayúsculas el derecho a la soberanía alimentaria de los pueblos, así como la promoción de sistemas alternativos de comercialización y distribución, priorizando lo local y la relación directa entre campesinado y consumidores, entre otras iniciativas.
¿Qué interés pueden tener para un ciudadano o ciudadana de izquierdas temas como la alimentación y su producción y distribución?
Todos nosotros, cada día comemos, y además lo hacemos varias veces al día. Pero nunca nos planteamos de dónde viene aquello que comemos, quién lo ha elaborado, en qué condiciones se ha producido, etc. Detrás de aquello que comemos hay una historia. Una historia de privatización de los recursos naturales, de intereses económicos, de desigualdad Norte-Sur, pero también Norte-Norte y Sur-Sur. Y se trata de desenmascarar esta historia.
Tenemos que reapropiarnos de la producción, la transformación, la distribución y el consumo de alimentos, hoy en manos de muy pocas empresas. De esto habla la soberanía alimentaria: de recuperar el control sobre nuestra alimentación. La tierra para quien la trabaja; el agua y las semillas tienen que ser bienes públicos; relaciones de solidaridad entre el campo y la ciudad; comercialización directa entre productor y consumidor; y unas políticas que pongan en el centro de la producción la distribución y el consumo de alimentos, a las y los campesinos, el bienestar de las personas y el respeto al medio ambiente.
Por todo ello, como señala el movimiento internacional de la Vía Campesina, “hoy comer se ha vuelto un acto político”. Creo que la crítica al sistema agroindustrial dominante y la defensa de la soberanía alimentaria debe ser un eje central de lucha tanto del movimiento altermundista como de cualquier proyecto anticapitalista que denuncie los intentos de buscar una salida pro capitalista a la crisis contemporánea. Otro mundo requiere otro modelo de agricultura y alimentación.
Has usado varias veces el concepto de soberanía alimentaria. Aunque ya te has aproximado a él en varios momentos, ¿puedes definirlo sucintamente?
El concepto de soberanía alimentaria fue propuesto por primera vez por la Vía Campesina, en el año 1996 en Roma, con motivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación de la FAO. La soberanía alimentaria se define como el derecho de las comunidades y los pueblos a decidir sus políticas agrícolas y alimentarias, a proteger y regular la producción y el comercio agrícola interior con el objetivo de conseguir un desarrollo sostenible y garantizar la seguridad alimentaria.
Alcanzar esta soberanía requiere una estrategia que rompa con las políticas agrícolas neoliberales, impuestas por la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y con el sistema económico capitalista dominante, los cuales promueven un modelo de producción agrícola y alimentaria totalmente insostenible.
La alimentación no es hoy un derecho garantizado. Parece obvio que debería serlo. ¿Por qué no lo es? ¿No hay suficientes alimentos para todos los pobladores de la Tierra?
Los alimentos no son hoy en día un bien accesible a todo el mundo y la crisis alimentaria lo ha puesto en evidencia. Y no se trata de un problema de producción, como las instituciones internacionales y las grandes corporaciones nos quieren hacer creer, sino que se trata de un problema de acceso.
Hoy se producen más alimentos que nunca en la historia. La producción se ha triplicado desde los años 60, mientras que la población mundial sólo se ha duplicado. El problema es que, en la medida en que el precio de los alimentos subió, a lo largo de los años 2007 y 2008, en el marco de la crisis alimentaria global, amplias capas de población, especialmente en los países del Sur, no podían pagar el precio de la comida. Hay que tener en cuenta que en estos países se puede llegar a destinar hasta un 80% de los ingresos a la compra de alimentos. Si los precios suben no hay capacidad para adquirirlos.
Es interesante señalar que en el momento álgido de crisis alimentaria, los beneficios de las principales empresas de semillas, fertilizantes, transformación y distribución no pararon de crecer. Hay quienes hacen negocio con el hambre.
Además de la presentación y el epílogo, se incluyen en la segunda parte doce entrevistas con líderes de foros, centros de estudios o agrupaciones campesinas. ¿Quiénes son esas personas? ¿Qué relevancia tienen?
Se trata de personas que forman parte de grupos y cooperativas de consumidores críticos, de centros de investigación, de redes de economía solidaria, campesinos... de América Latina, Asia, África, América del Norte y Europa que nos explican sus experiencias en la lucha a favor de la soberanía alimentaria.
Y es interesante ver cómo a partir de sus historias, reflexiones, anécdotas ponen rostro y desgranan en primera persona las consecuencias del actual modelo de agricultura intensiva e industrial en sus países, comunidades y en sus propias experiencias.
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